La
personalidad son los comportamientos y reacciones repetitivas que tiene las
personas frente a la resolución de problemas en su vida, estos comportamientos
se forman a lo largo de la vida, es decir la personalidad se forma desde que
nacemos, y se establece generalmente hasta los 30 años, edad en la que ya
tienes tu personalidad consolidada.
Algunos
investigadores afirman que la personalidad no cambia, ya que es una continuidad
de las etapas anteriores, porque los rasgos de la personalidad permaneces
estables a lo largo del ciclo vital. (Muños, 2002). Mientras que otros afirman
que si hay cambios, ya que el individuo tiende a replegarse y mantener una
actitud pasiva.
Algunos
mencionan que la autoestima aumenta con la edad, ya que, el autoconcepto aumenta en la medida en que la persona tiene más
libertad para adoptar su rol, dado que, durante este periodo existen menos
exigencias sociales, sin embargo esto no siempre sucede, ya que depende de la cultura,
rol en la familia, y el trato que reciba cada adulto mayor.
Un
rasgo que si se ha demostrado que se da en adultos mayores, modificando algunas
veces, la personalidad de algunos
adultos mayores, este rasgo es la introversión, este rasgo aumente debido a que
, los adultos mayores tiende a replegarse hacia su mundo interno con mayor
intensidad, las personas se tornan más precavidas, menos impulsivas, protegiéndose
más del mundo externo.
Desde
mi punto de vista y lo leído sobre el tema, puedo concluir que la personalidad permanece
constante hasta en los adultos mayores, pero pasa por pequeños cambios, debido
a los decrementos que trae consigo el envejecimiento, como el debilitamiento
del cuerpo, disminución de la visión y audición y otros, que pueden ocasionar
que nuestros adultos mayores, prefieran estar solos, dando paso, ahí, a la introversión, variable ya muy estudiada
en los adultos mayores. Cabe resaltar que estos cambios se darán de acuerdo a
como cada individuo perciba su entorno y así mismo, por ende el adulto mayor; será
el único que decida si es necesario cambiar su forma de ser (personalidad) o si
debe mantenerse como hasta ahora.
Referencia:
- Muños, J. (2002). Psicología del
envejecimiento. Madrid: Pirámide

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